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Su casa es también su estudio. Subo por las escaleras y lo encuentro esperándome en la puerta. Las manos en los bolsillos, pantolón corto azul y camisa maho gris. Me saluda y me invita a entrar.

A Jaume lo conocí una noche en casa de Philipe, amigo común, en una de esas famosas fiestas de Camper.

Me llama la atención su forma de hablar, parece tener una gran calma interior. Parece reservado y hasta tímido, aunque si le das cuerda, él juega la partida.

Me cuenta que estudió diseño industrial en Barcelona y que trabajó en Soller durante doce años haciendo packaging alimentario. Ahí es donde comenzó todo. Poco a poco fue pasando del diseño volumétrico al gráfico, hasta centrarse sobre todo en la ilustración.

Doce años trabajando en la misma empresa, le colocaron en una situación cómoda y con un buen sueldo. Pero al mismo tiempo, a medida que la empresa iba creciendo, el trabajo se iba deshumanizando. Así que sintió la necesidad de hacer algún cambio.

En un momento así, cualquiera hubiera esperado una buena rama para pasar de árbol y lograr el cambio. Pero no fue el caso. Su pareja Gabriel y él decidieron dejar el trabajo al mismo tiempo, coincidiendo también con el nacimiento de su hija Lola. Cualquiera hubiera esperado un apocalipsis, pero no fue así.

Gran parte del éxito se lo atribuye Jaume a Gabriel: -Lo más importante es saber vender, y ella es extraordinaria. No paraba de hablar con todo el mundo.

Un día, Jaume se puso a tontear con las acuarelas y las mezcló con el dibujo de trazo. El resultado fue sorprendente, y Gabriel decidió explotarlo.

Un año de llamar a las puertas y abrazar con fuerza las acuarelas, comenzó a dar frutos.
Aparecieron en el blog Booooom y en el blog de Absolute y sus ilustraciones fueron elegidas para el libro 200 Best Ilustrators. De ahí les llamaron para hacer una TV Movie en Los Ángeles, y poco después para hacer trabajos con ICON Magazine Italia y España.

Se tiraron a la piscina en un momento, y no les pudo salir mejor.

Dos años después, Jaume cuenta con representantes en Estados Unidos y Europa.

-Gabriel ha vuelto a trabajar en lo suyo, aunque tengo ganas de que vuelva al estudio -me confiesa.

Le pregunto por su momento actual, por sus fronteras y por sus referentes.

Me cuenta que ahora está trabajando en el estudio con directores de arte y creativos, me dice que le nutren mucho y que logran sacar lo mejor de él.

-Los creativos me ayudan a mejorar mi estilo, añadir o quitar lo que sobra. Al principio estaba más obsesionado con la verosimilitud en las ilustraciones, pero ahora me estoy lanzando a ser más creativo-.

Su nueva frontera es trabajar una temporada en Japón, aunque ahora está inmerso en un proyecto muy bonito para la marca de yates de lujo Princess.

En cuanto a sus referentes, me habla de los grabados del siglo XIX que tenía su padre y que él hojeaba cuando era pequeño. De ahí vienen sus trazos para crear claroscuros. La publicidad de los años 60, donde la ilustración tenía una función muy concreta: la de comunicar, es otro de sus referentes.

-¿Crees en la frase: “Steal like an artist”? -le pregunto.

En cuanto a sus referentes, me habla de los grabados del siglo XIX que tenía su padre y que él hojeaba cuando era pequeño. De ahí vienen sus trazos para crear claroscuros. La publicidad de los años 60, donde la ilustración tenía una función muy concreta: la de comunicar, es otro de sus referentes.

Y él me responde con un sí rotundo: -Hay que ver, nutrirse, copiar, y después adaptarlo a tu estilo-.

Berto Martínez -del cual coleccionaba sus ilustraciones del semanal- y Gabriel Moreno son dos de sus referentes de los actuales. Los dos con estilos muy personales.

Después de una hora hablando, me enseña algunos de sus trabajos. Entre ellos, veo algunos de los originales publicados en la revista ICON, y cuando veo el de Leonad Cohen, pienso dónde esconderlo para llevármelo a mi casa.

Me despido de él y me marcho con unas ganas locas de ponerme a experimentar con las acuarelas, igual que cuando uno ve un buen partido de fútbol, y quiere ponerse a jugar con el balón.